Una hilera de autos estacionados ocupa tres cuadras de una zona residencial, en el sureste de Caracas. Son las 5 de la tarde del sábado y decenas de conductores esperan que la fila avance poder poner combustible en uno de los 200 establecimientos autorizados para vender gasolina a 0,5 dólares por litro.

Mariana está muy cerca de llegar al surtidor y al tanque de su carro apenas le restan 10 litros para estar a tope, sin embargo, la preocupación la acecha.

«Prefiero echar hoy lo poco que me falta, a esperar la semana que viene y quedarme sin nada. Hasta hace nada, las bombas donde se paga en dólares estaban completamente vacías, porque casi nadie tiene plata para eso, pero hoy hay un gentío, porque todo el mundo sabe que se está acabando», dijo esta caraqueña a la Voz de América.

Su sospecha no es equivocada, según el economista José Guerra, quien señala que están cerradas un 70 por ciento de las gasolineras que venden con subsidio y un 40 por ciento de las dolarizadas, lo que -a su juicio- es una señal de que se está agotando el carburante iraní que llegó al país el 23 de mayo.

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