LNC/ 30 Jul 2016.- Tras una ausencia de casi 20 años, el científico peruano Marino Morikawa volvió al humedal El Cascajo, en Chancay, y lo primero que hizo fue ponerse de rodillas y pedir perdón.

Había gastado miles de dólares para regresar desde la lejanísima ciudad de Tsukuba (Japón) y lo que tenía frente a él era un lugar atroz, hediondo, abandonado. No era ese mágico espacio del tamaño de 100 hectáreas en el que había pasado sus mejores días de niño junto a primos y amigos.

Le pedí perdón por dejar que le ocurriera todo eso», dice Morikawa, un hombre de 39 años que aprendió a chacchar coca antes de los 12 durante los viajes que hacía a los Andes junto a su padre y que le daba las gracias a los cerros luego de escalarlos.

Morikawa recuerda cómo empezó todo. En el 2010, el científico peruano graduado con honores en la escuela de posgrado de la Universidad de Tsukuba, recibió la llamada de su padre con una advertencia: El Cascajo está a punto de desaparecer. Entonces pidió permiso en la universidad, donde no solo era catedrático de posgrado sino también lideraba un equipo de investigación en temas medioambientales, compró su pasaje, recorrió miles de kilómetros y pisó suelo peruano.

 

Con información de: www.elcomercio.pe